viernes, 16 de octubre de 2009

5 años después: Lionel Messi

Hoy se cumplen 5 años del debut oficial de Lionel Messi en el fútbol profesional (oficial). Los libros dirán que el 16 de octubre del 2004, en un Espanyol-Barcelona (0–1) jugado en Montjuïc, un chico argentino de 17 años respondió al llamado de su entrenador, Frank Rijkaard, para saltar al campo de juego. 
Ahora, a los 22 años, ese jugador formado en canchas culés, no para de triunfar y regalar alegrías a sus queridos catalanes. Todo, siempre, en base a su talento natural, su bajo perfil, trabajo, esfuerzo, respeto por sus colegas, entrenadores y una humildad poco frecuente en el ambiente del fútbol. 
Pero jugadores como él también son poco frecuentes en la actualidad del deporte más popular del planeta, dueño de una magia comparable únicamente con otro “mago”: Diego Maradona.
Después de 5 años al máximo nivel, lo ganó casi todo con el Barcelona y este año, además, podría ganar el Mundial de Clubes y el Balón de Oro al Mejor Jugador del Mundo, entre otros torneos y premios en disputa. 
Messi jugó 170 partidos oficiales, marcó 88 goles y ganó 10 títulos. Números impresionantes para alguien de tan sólo 22 años.
También obtuvo con la selección argentina el Mundial sub 20 de Holanda (en el 2005) y el oro olímpico en Pekín (en el 2008). Con la albiceleste jugó 43 partidos y convirtió 12 goles. Pero como "nadie es profeta en su tierra", con Argentina mantiene una deuda moral: Rendir en la selección mayor como lo hace en su club. Afortunadamente, todavía tiene mucho tiempo por delante para redimirse y regalar triunfos a su país. Y muchos son quienes confían en ese futuro prometedor para la joven estrella, vistiendo la nacional. 
Pocas horas después de lograr la clasificación para Sudafrica 2010 frente a Uruguay, y con otro rendimiento bajo de Lionel, se escucharon voces de respaldo. “Messi va a ser la figura del Mundial, no tengo ninguna duda”, dijo Juan Sebastían Verón. La Bruja, referente del equipo, es uno de los que lo apoya y trata de proteger a la figura del Barça; en la cancha y fuera de ella.
“Pibe, esta es tu oportunidad, ya estás en el Mundial”, reclamó un desaforado y exigente Carlos Salvador Bilardo. El Doctor espera que Messi supere la enorme presión a la que se expuso durante las eliminatorias y llegue al mundial de la mejor manera. Y, por último, el propio “Ser Supremo”, técnico de la selección, Diego Armando Maradona, expresó: “Leo, la vas a romper en el Mundial, confío a muerte en vos”.
Dicen que en sus sueños, Diego ve a Messi emulando sus logros en México 1986. Muchos somos quienes trazamos paralelismos entre la carrera de uno y otro. Y si de soñar y comparar se trata, cabe decir que para Messi Alemania 2006 fue el Argentina ´78 de Diego. Aunque a Lionel no lo dejaron fuera del campeonato, lo marginaron del partido decisivo. Con esta lógica, Sudáfrica 2010 sería para la Pulga lo que España 82 fue para El Pelusa: Un pésimo mundial.
Pero como hizo desde su debut, esperemos que Messi forje su propio camino, su propia historia, su propia leyenda… Ya demostró que es un crack mundial y va por su consagración definitiva.
 

lunes, 5 de octubre de 2009

De madrugada

De día me enloquece, me agota. Siento que me abruma y me desespera. Es casi como cualquier otra y, muchas veces, la creo única. Otras, en cambio, le tengo miedo y la odio.
También intenté dejarla. Pero no pude, porque al anochecer se enciende. Me enamora nuevamente. Se transforma por completo y se calma. Se pone linda como ninguna. Misteriosa, me atrapa. Me seduce, me inspira. Su espíritu trasnochado me cautiva. Como en esta madrugada templada de octubre, es hermosa mi ciudad con sus noches.


domingo, 20 de septiembre de 2009

Domingo



Cuántos libros, párrafos, palabras y letras podrían gastarse para describir la sensación de tristeza que nos invade en una tarde cualquiera de domingo.
Cada uno siente y vive de manera diferente esta amarga procesión pero todos, en algún instante, se dejan alcanzar por una profunda angustia. Y las causas pueden ser tan diversas y personales como seres humanos existen en el planeta.
Termina el descanso del obrero; el padre deja a sus hijos en la casa de su ex esposa; una adolescente prepara la ropa que se pondrá a la mañana siguiente para ir a la facultad; desde la ventana de su cuarto el anciano observa a su familia alejarse del asilo...
Todos diferentes entre sí, pero unidos por un esperanzado deseo: Retrasar al máximo el crepúsculo opaco del domingo y evitar el cansino amanecer del día siguiente.
Pero también existen almas que no conocen la diferencia entre un martes y un domingo porque para ellos todos los días son iguales. La vida no les mostró el encanto de un ruidoso almuerzo familiar o un paseo por las soleadas plazas de la ciudad.
Para ellos, a veces, el día se confunde con la noche y el descanso no es más que una palabra muy utilizada por otras personas. 
Sea como sea, inevitablemente, mañana será lunes.


martes, 15 de septiembre de 2009

Malos augurios

El timbre del teléfono sonó 16 veces antes de que, sin respuesta del otro lado, una operadora automática diera por finalizada la comunicación. Era demasiado tarde quizás. Envuelto en ira y dominado por la frustración del silencio, estrelló el auricular contra el aparato. Un trozo de pared, viejo y descascarado, cayó sobre sus pies.
Sin pensarlo, dio la vuelta directo hacia la calle pero al pasar frente a la barra dejó un billete de 50 junto al vaso de whisky, aún por la mitad: “Por los daños al aparato”, dijo. No deseaba que el barman sacara un garrote de abajo de la barra y se lo partiera en la cabeza por hacerse el desquiciado en su bar y contra su teléfono público. No era la idea. 
Una espesa neblina dominaba la noche. A esa hora, en las calles no quedaba mucha gente y las pocas pálidas luces de la ciudad no alcanzaban para disimular otra madrugada triste, solitaria y ¿final?
También iba a resultar difícil encontrar un taxi, así que levantó el cuello de la campera y echó a andar hacia el hotel.
El revólver seguía en su cintura algo nervioso, pero cuando llevó la mano al bolsillo del pantalón, sus peores pensamientos se volvieron realidad: “Malditos cigarros, buen momento para acabarse”, pensó.
 

lunes, 24 de agosto de 2009

Ser Cuervo


Desde temprano se sentía en el aire que iba a ser un día importante para el lugar. Había nervios en el cotidiano ir y venir de la gente por San Juan y Boedo, punto neurálgico de la historia cuerva. En el tradicional bar de la esquina Homero Manzi, Mariano esperaba la llegada de sus amigos, cuervos como él, sosteniendo entre sus manos una camiseta de la temporada pasada. Ya no sentía el cansancio por los 10 mil kilómetros que había hecho desde Los Ángeles, donde trabaja como gerente de Playboy Latinoamérica, para compartir su pasión entre amigos.
A pesar que el equipo tenía otro difícil desafío, el optimismo dominaba entre los hinchas. De a poco, el “tanguero” interior del bar dio paso al colorido azulgrana. Banderas, bufandas y muchas camisetas taparon las mesas a minutos del inicio del partido. Comenzaron los gritos de aliento y algunas canciones.
El más ruidoso era Lucas, un chico uruguayo que llegó a la Argentina en 1996 y se convirtió en fanático del Ciclón. “Había ido con unos amigos al Nuevo gasómetro y me separé de ellos en la puerta. No tenía plata ni entradas, y se me acercaron unos chicos de la villa a pedirme unas monedas. Cuando les conté lo que me había pasado, que me iba a quedar sin ver a San Lorenzo, se fueron. Pero regresaron al rato con dinero para que pueda comprar mi entrada. Ahí descubrí la mística de la gente de este club y me hice hincha para siempre”, se acuerda emocionado.
El partido está por arrancar, como las miles de ilusiones de otros miles de hinchas que sueñan con un campeonato o con la primera Libertadores. Es el debut de San Lorenzo en la temporada 2009 y, al ratito nomás, las esperanzas se reavivaron con el primer gol contra Tigre.
Fue 3 a 1, al final. En segundos, las mesas se vaciaron y empezó otra espera, la de la gran cuenta pendiente del club: la Copa Libertadores. Pero para eso faltan unos días todavía.
Mientras tanto, en el bar, unos maquillados bailarines se preparan para el show de tango destinado a un contingente de turistas alemanes.
Suenan los primeros compases de Yira Yira: “Cuando la suerte, que es grela, fayando y fayando, te largue parao…”.

lunes, 10 de agosto de 2009

Un fantasma del pasado

Normalmente no escribo sobre cuestiones políticas ya que se trata de un tema muy complejo que no conozco en profundidad. Sin embargo, el reciente golpe de estado en Honduras me inquietó lo suficiente como hacer una excepción.
Muchas veces me detengo a observar en el televisor las cruentas imágenes que llegan de lugares demasiado lejanos a nosotros, como Oriente Medio o África. Son realidades sangrientas, cruentas y permanentes batallas. Algunos luchan por recuperar la democracia o imponer una dictadura y otros por conseguir independencia, un pedazo más de tierra o la libertad de profesar una religión. En todos los casos, el resultado es el mismo: Muerte y destrucción.
Durante los últimos años tuve un pensamiento recurrente al respecto. A pesar de la tristeza por estos terribles episodios, de alguna misteriosa manera me sentía “orgulloso” por lo que sucedía en tierras latinoamericanas donde, luego de años de oscura represión y dictadura, aprendimos a valorar y sostener la Democracia. Con sus falencias, errores e injusticias, pero democracia al fin.
Sentía que, más allá de luchas sociales o crisis económicas, América Latina ya no volvería a sufrir golpes de estado o la imposición de regímenes no elegidos por el pueblo.
De hecho, durante la Maestría en Periodismo que cursé el año pasado, tuve que elegir un tema de "Política Internacional" para desarrollar y había pensado en escribir sobre la imposibilidad de nuevos golpes militares en América. Pero la idea me parecía tan poco probable que la descarté de inmediato. Entendía que -por fin- habíamos aprendido de los errores del pasado, que tantas vidas habían costado.
Pero -siempre hay uno-, en estos días los "vecinos hondureños" resucitaron un fantasma del pasado que parecía desterrado en la región. Volvió el miedo. O quizás nunca se había ido, en realidad.
¿Cuánta sangre habrá que derramar para aprender a vivir en paz? Sé que suena a frase hecha, pero no por eso deja de ser una pregunta fundamental, ¿no?
Ahora, veo en el televisor las mismas dolorosas imágenes de enfrentamientos entre civiles y militares en las calles, pero mucho más cerca de nuestra realidad. Los habitantes de Honduras resisten para no perder su Democracia. Ojalá, pienso un poco incrédulo.
¿Acaso será que los latinoamericanos viviremos siempre condenados a las turbulencias políticas, financieras y sociales?
Prefiero creer que no, pienso un poco esperanzado.
 

lunes, 27 de julio de 2009

Mi Espacio Psicológico

Como cada jueves, esa tarde salí de la sesión de terapia rumbo a la redacción caminando por Avenida Corrientes hacia el Bajo. Me gusta ese recorrido para detenerme en algunas librerías de saldo y, de paso, pensar en lo que hablé antes con la psicóloga. Es casi como una extensión reflexiva de la hora de análisis. Y ahora que me doy cuenta ¡ya voy para 3 años con el loquero! Todo porque el Tucho Flores, uno de los editores de la revista “Golazo” que, al verme tan desbordado un día, me aleccionó: 
- Yo sé lo que estas sintiendo, pibe. A mí me pasó lo mismo cuando entré acá. Pero gracias al “loquero” voy a cumplir 25 años de periodismo y miráme… ¡Una pinturita estoy!
Tengo que reconocerle que el consejo me vino bárbaro porque, de otra manera, no hubiera durado ni 2 horas en ese trabajo.
Ocurre que el Director de la revista, Don Pericles Orellana, es de esos periodistas de otros tiempos, de la vieja escuela, digamos. Un apasionado, un obsesivo, un soberbio “dictador” que suelta un improperio tras otro durante el cierre de cada edición. En pocas palabras, un jefe jodido.
Pero a la vez, pertenece a esta casta única, dueño de un talento innato sólo a la altura de un Osvaldo Ardizzone, un Panzeri o un Enzo Ardigó. Don Pericles está en ese "Olimpo imaginario" de pioneros inalcanzables que ya no habitan las salas de redacción.
Todavía me acuerdo el día que me contaron esa maravillosa anécdota sobre una charla de Orellana con Panzeri, acerca de Pelé. Dice la leyenda que incluso mucho antes que jugara en los Cebollitas, el "Oráculo" -así se lo conoció desde entonces a don Pericles- lanzó la profecía que anunciaba la aparición de un pibe en las inferiores de Argentinos Juniors que le quitaría el trono a O Rei. Se me pone la piel de gallina cada vez que me acuerdo de semejante historia.
Tiene esas cosas, Don Pericles. Y es una lástima, porque mejorando el trato con la gente, le llegaría ese reconocimiento esquivo como maestro de periodistas que sólo algunos adivinamos en su persona, pero que él mismo se encarga de sabotear día a día.
Debo aclarar que estoy entre los que más sufren ese maltrato, por un lado por ser el más joven en la redacción y, por otro, porque mi función depende directamente de él, con lo que el trato permanente y cercano es inevitable.
Pero aquella tarde, como decía, iba silbando bajito con las manos en los bolsillos, esquivando gente por la vereda de Corrientes. Era la hora en que todos salen de la oficina para irse a casa y los periodistas empezamos a correr para terminar las ediciones del día siguiente.
Durante 5 cuadras la frase de la licenciada Tirielle, la psicóloga, rebotaba de un lado a otro en mi cabeza: “El problema es que ese señor invade tu espacio psicológico y vos se lo permitís”. Dicho así sonaba más a una sentencia que a un aspecto para mejorar en terapia. Pero sí al Tucho le funcionó, por qué a mí no, me consolaba.
En eso andaba meditando, tranquilo, hasta que me detuvo el semáforo para cruzar Montevideo. Estaba esperando que cambie la luz verde cuando, de repente, lo vi sentado en el Café de la Paix.
Solo junto a la ventana, con la mirada pérdida en ninguna parte y los codos apoyados en la mesa. Un pocillo chiquito de color blanco era su única compañía. No parecía el Pericles Orellana que yo conocía… Y sufría, se le notaba. Me acerqué y golpeé el vidrio pero siguió absorto en sus pensamientos. Parecía muy vulnerable.
Entré al bar directamente a su mesa. Estuve unos segundos delante de él hasta que me reconoció y me invitó a sentar. Por la cara que tenía, “malas noticias” pensé enseguida. ¿Una nota que se cayó o un entrevistado que falló a último momento?
- ¿Se siente bien, Don Pericles? -pregunté sin recibir respuesta. Ni una de sus habituales muecas de fastidio por mi consulta. Insistí- ¿Qué le pasa?
Silencio ceremonial. Corrió la tacita con una mano y con la otra sacó una hoja del bolsillo para mostrármela.
- Si al Diego le cortaron las piernas, a mí me sacaron las manos, pibe-. Odiaba que después de tanto tiempo siguiera diciéndome “pibe”, aunque en ese momento lo hizo con un tono más paternal.
El hombre estaba abatido. Leí la carta y me quedé callado. No supe qué decir y él se dio cuenta.
- ¿Qué voy a hacer ahora, me querés decir?
- Lo, lo… Lo de siempre -tartamudeé tratando de sacar dramatismo a la cosa, pero no sirvió-.
Me estremecí al pensar en la situación, más aún con lo que ocurrió luego. No podía creer lo que estaba viendo. El mismísimo Pericles Orellana, el "Oráculo del Fútbol", estaba lagrimeando adelante mío. Dos solitarias y cansadas gotitas caían por su también cansado y arrugado rostro.
- No me pueden hacer esto. No a mí, no ahora. No pueden…
Yo lo dejaba decir. Según mi psicóloga en algún momento todos necesitamos exteriorizar el dolor.
A él no le importó que lo viera llorar, eso fue lo terrible de la escena. Aunque por única vez me sentí cerca del Maestro. Fui su confidente, su compañero… casi un amigo, imaginé mucho después.
Siguió un rato repitiendo entre dientes, con bronca, que no era posible, que no le podían pagar de esa manera tantos años de dedicación. Segundos más tarde, de la misma manera disimulada en que se echó a llorar, se detuvo.
Llamó al mozo y pidió dos grapas dobles que llegaron enseguida.
- Esto no va a quedar así, no señor -Ahora tenía en su voz la seguridad de siempre- ¡Nadie va a retirar a Pericles Orellana! ¡Yo me jubilo cuando quiero, no cuando lo diga una puta Ley de mierda!
En ese juramento al aire lo entendí. Don Pericles se enfrentaba con el inexorable paso del tiempo. En la carta le ofrecían sumarse como adscripto al comité editorial de la revista y él lo tomaba como una antesala de su adiós a la actividad. A su vida.
Así que levanté el vaso y brindamos antes de vaciarlo de un trago. Después salimos y nos fuimos caminando, despacito, para la redacción.
La gente seguía amontonada en la Avenida, pero el hombre que iba a mi lado nunca más sería aquél duro invasor de mi espacio psicológico.